lunes, 23 de abril de 2018

"Entre ellos", de Richard Ford..Sensibles retratos de sus padres

Aunque no con la riqueza de sus ficciones, el nuevo libro del autor norteamericano entrega a sus lectores una sensible aproximación a las figuras de sus padres y a la rica y compleja relación que mantuvo con ambos

Entre ellos (Between Them. Remembering My Parents), de Richard Ford
Anagrama, Barcelona-Buenos Aires, 2018, 162 páginas.
Traducción de Jesús Zulaika.
En España: 16,05 euros. En Argentina: 325 pesos.


“He vivido más años de los que vivieron mi padre o mi madre. Hoy no hay prácticamente nadie que los haya conocido. Y yo soy, por ello, la única persona que conoce estas cosas y puedo preservar estas memorias”, escribe el norteamericano Richard Ford en Entre ellos, su más reciente trabajo. En páginas sensibles y de elaborada prosa. rescata las figuras de su padre y su madre y, también, termina entregando un retrato sesgado del país que alguna vez fue.

No es intención del autor de El periodista deportivo exagerar la nota, ofreciendo retratos idealizados de sus progenitores o de sí mismo cuando niño, adolescente o joven, sino de presentarlos como fueron, o como recuerda que fueron, es decir con virtudes y defectos. Seres humanos, en definitiva.

En rigor, no estamos ante un libro enteramente nuevo, porque el “retrato” de Edna Akin, su madre, fue escrito por Ford muchos años atrás. En cambio,  el de su padre, Parker Ford, es reciente y se evidencia como un texto más pulido y esencial, prueba -podría decirse- de que los treinta años que separan ambos textos hablan del notorio crecimiento del escritor, de su claro dominio del oficio literario.

“El pasado es un país extranjero: allí se hacen las cosas de otra manera" escribió L.P. Hartley. Son palabras que podría repetir Richard Ford porque, en efecto, sus padres vivieron en un país diferente, con otras opciones de vida, con valores distintos a los de su hijo. Un pasado visto como si fuera una colección de fotos en sepia, de películas de comienzos del cine sonoro, aunque, por cierto, sólo cabe creerle a Richard, único responsable de lo que presuntamente hoy nos dicen o callan quienes fueron, porque no son otra cosa que fantasmas que únicamente hablan a través de él: “Imagínenlo. Tendrán que imaginarlo, porque no hay otra forma de hacerlo”.

¿Y qué nos dicen esos “ellos”? Que vivieron en un país de blancos protestantes profundamente racistas, convencidos de la supremacía de su nación sobre las restantes, un orbe machista y autosuficiente que permitía percibir la posibilidad de volver realidad el sempiterno American Dream.

Nada nuevo bajo el sol, y mucho más en estos días marcados por Donald Trump, pero más ingenuo, si se quiere, ligado a los sueños que proveía el Hollywood de los años dorados.

Parker era el “proveedor”, el padre de familia que, proveniente del campo, se inicia como empleado de una cadena de comestibles y más tarde pasa a otra, similar, donde se produce un asalto, a él lo golpean y, sin aclararle nada, sus patrones terminan despidiéndolo.

Pero, al poco tiempo se repone y comienza a trabajar como viajante de una empresa que vende almidón para lavanderías. A partir de ese momento, 1938, y hasta su deceso en 1960 seguirá atado a ese trabajo que le permite recorrer una y otra vez siete estados del sur de los Estados Unidos, en los que todavía “flota” la Confederación y, también, la utopía -violenta y reaccionaria- del Far West.

Parker, Richard y Edna
Los padres. El hijo. Sus padres se conocieron en plena Depresión, “un poco antes de 1938”, cuando faltaban el dinero y las oportunidades laborales, aunque (ella de diecisiete años, él de veinticuatro) no encontraron reparos en casarse pese a las estrecheces económicas. Decidieron andar por esos polvorientos, muchas veces desolados/desoladores, caminos del Profundo Sur norteamericano, viviendo en hoteles baratos, en casas ajenas, allí donde los sorprendiera la noche, sin grandes planes, pero, afirma su hijo, con profundo afecto mutuo.

Ese mundo, que les hacía vivir en una suerte de presente continuo, se quiebra cuando -quince años después casarse- Edna queda embarazada de Richard: “Pero entonces, para sorpresa de todos, mi madre quedó encinta en el verano de 1943. Y cambió el curso de todo”.
          
Los padres estaban acostumbrados a vivir “entre ellos”, sin que hubiera lugar para un tercero. Sin embargo, el hijo llegó, no habría que decir de sorpresa, pero sí que cuando tanto Edna como Parker ya no se lo esperaban porque, aunque desde siempre habían querido tener descendencia, durante esos quince años no lo consiguieron.

Se vieron entonces obligados a dejar de lado su nomadismo, afincándose en un lugar determinado, aceptando así que la presencia del nuevo miembro de la familia había “cambiado el curso de todo”.  Pese a cuanto se pudiera pensar, Richard fue aceptado con amor y ese amor de padres lo acompañó a lo largo de su vida. Fue un hijo único muy querido, aunque supo que había un mundo/otro integrado por sus padres al que nunca tuvo acceso, ese mundo de “entre ellos”, lo cual nunca fue un obstáculo para comprenderlos y amarlos. Y es por ese mismo amor recibido que escribió este libro.

“Ser un hijo tardío es un lujo, con independencia de cualquier consideración, pues ambas cosas te invitan a conjeturar a solas sobre el tiempo que fue antes”, afirma.

Conjeturas que en el libro aparecen como preguntas para las que, por supuesto, no hay respuestas. Ford, en todo caso, se limita a formularlas, porque todo el libro es una sucesión de hechos que pudo comprobar y no se adentra en supuestos, nada hay imaginario acá, aunque el libro sea en definitiva, un texto literario.

A ello mucho contribuye su estilo, que ha ido acentuándose, puliéndose, en cuanto a ascetismo narrativo, diciendo sólo lo indispensable, contando con una rigurosidad extrema, estilo que le permite “contener” o evitar los desbordes emocionales. 

Parker, por su trabajo como viajante, fue un padre ausente de lunes a viernes, durante años, hasta que se enfermó y, luego de diversos ataques al corazón, terminó muriéndose frente a mujer e hijo, quienes intentaron vanamente auxiliarlo. Richard tenía dieciséis años cuando vivió esa experiencia dolorosa, íntima, terrible, puesto que trató de hacerle respiración boca a boca -sin saber exactamente cómo proceder- en un episodio que lo debe seguir acompañando hasta hoy.

Edna falleció mucho tiempo después, cuando Ford empezaba a ser reconocido como escritor, aunque ella se preocupaba porque su hijo no tenía un empleo estable. Fue una relación que tuvo sus dificultades y que no terminó como el autor hubiese querido: cuando Edna insinuó la posibilidad de la convivencia, Richard le contestó de una manera ambigua, también impensada, que ella interpretó como una negativa. “Es una frase que desearía no haber dicho nunca”, confesó varios años después.

 “Las ausencias parecen cercarlo todo y entrometerse en todo. Aunque, al reconocerlo, no puedo permitir que ello sea una pérdida, ni un hecho que lamento, puesto que es solo la vida: otra verdad perdurable en la que debemos reparar”.

Richard y Edna
La segunda parte de este libro ya había sido publicada con el título de Mi madre, in memoriam, parte del libro Vintag Ford, selección de textos del autor aparecido en inglés en 2004. Seis años más tarde lo publicaría Anagrama como relato autónomo.


Richard y Kristina
En la actualidad prepara Be Mine, que, de concluirla (supone que de aquí a tres años), será la quinta de sus obras protagonizada por Frank Bascombe, casi su alter ego (El periodista deportivo, El Día de la Independencia, Acción de Gracias, Francamente, Frank). Ford vive actualmente en Nueva York porque está dictando clases en la Universidad de Columbia. Decididos a no tener hijos, al igual que sus padres, ama a Kristina (Hensley), la mujer con la que se casó hace cincuenta años y a quien dedica todos sus libros. “Perderla sería terrible”, ha confesado.

La edición
en inglés
“Un hijo único capta muchas cosas, y posiblemente más si sus padres tienen cierta edad. La imaginación de un hijo único la hacen vibrar melódicamente las cosas que sus padres dicen y no dicen. Siempre he dicho y sigo creyendo que mi infancia fue feliz. Pero eso no equivale a decir que la nuestra fuera una vida normal. La edad de mis padres no era la normal para tener un primer hijo. Ni siquiera ellos creían que lo fuera. Existía la creencia tácita de que deberían haber sido más jóvenes, o de que yo debería haber nacido quince años antes, cuando ellos eran unos adultos ‘nuevos’. Crecí sintiendo que debería haber sido más mayor, o que era más mayor. Había habido tanta, y tan importante vida antes de mí, de la cual sabía tan poco y de la que ellos no querían hablar, ya que yo aún no estaba en ella… No recuerdo a ninguno de ellos diciéndome, cuando me estaba haciendo mayor: ‘Richard, ¿te acuerdas…?’ O: ‘Richard, una vez tu padre y yo…’ De lo que hablaban y lo que estaba siempre en el aire era únicamente el presente, interrumpido por los largos espacios de tiempo entre el lunes y el viernes. Estas ausencias hacían que su unión fuera más estrecha y alcanzara cimas muy altas, pues juntos era la única forma en que habían estado siempre. Yo era el punto donde las cosas se habían desviado, y siempre lo sentí así. Para que la nuestra fuera una vida dichosa se requería ciertamente amor, y -por mi parte- disposición para colmar algunas cosas y eludir otras”.

En el blog:
En internet:


Video: discurso pronunciado por Richard Ford, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016, en la ceremonia de entrega de ese año. Subido a YouTube el 28.10.16. Duración 11, 1 minutos. Subtitulado. Seguido por un segundo video: conferencia de prensa de Ford luego de serle entregado el premio en la ciudad de Oviedo. Subido a Youtube el 18.10.16. Duración: 23,40 minutos. Traducción simultánea.

miércoles, 11 de abril de 2018

"Un andar solitario entre la gente", de Antonio Muñoz Molina. La basura, la ansiedad, el ruido

Diseño: Gerardo Morán
En su más reciente libro el español Antonio Muñoz Molina vuelve a privilegiar el ensayo y la autoficción, en este caso para hablar críticamente sobre el hiperconsumo y el individualismo en la Ciudad contemporánea

Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina
Seix Barral, Barcelona, 2018, 494 páginas.
En España: 20,90 euros. 
En Argentina aún no se lo ha distribuido. No obstante, en librerías on line al libro en edición papel se lo consigue a 973 pesos y en formato e book su precio oscila entre 206 y 224 pesos.

”Este mundo, basado en la novedad permanente, no es sostenible porque lo único que produce es basura, ansiedad y ruido”, afirmó Antonio Muñoz Molina en una reciente entrevista, realizada a propósito de la aparición de su más reciente libro, una especie de larguísima caminata por la Ciudad, a la que observa de modo crítico, como si la descubriera, viera, por primera vez.

Comenta el autor de El jinete polaco que tuvo esa visión, o revisión del mundo, cuando “advirtió” los carteles que en gran profusión se hallaban, como rodeándolo, en el metro (o subterráneo) madrileño. Fue como una suerte de despertar ante la compulsión al consumo que nos ordena la sociedad en la que vivimos. De ahí en más, el escritor comenzó a recolectar toda clase de avisos que aparecían no sólo en los medios, sino que parecían esperarlo a cada paso que daba por la Ciudad.

Digo Ciudad, porque las más grandes diseminadas en el orbe constituyen una suerte de megalópolis universal que extiende sus múltiples e interminables tentáculos por el mundo. Se llaman Madrid o Nueva York, París o Hangzou, y en todas ellas el caminante que la atraviesa se ve sacudido por la sociedad consumista y también líquida, de la hablaba Zygmunt Bauman, en la que los valores del compromiso y la solidaridad, de una cierta conciencia crítica decrecen, cuando no desaparecen, en beneficio de un individuo absorto, que compra lo inmediato para desecharlo también en forma muy rápida, aunque eso efímero que adquiere lo sobreviva por cientos o miles de años en forma de basura.

.Precisamente, el escritor español interpreta, y lo dice explícitamente, que ”nuestro legado (como civilización) será una montaña de basura”.

Luego de superar un cuadro de depresión, Muñoz Molina emprendió la tarea de ir recogiendo estos “testimonios” de nuestro tiempo, al tiempo de ir consignando sus reflexiones escribiendo en libretas. A lo colectado tanto en las calles como recortados de los medios, fue ubicando en carpetas como si fueran collages. Decidió por otra parte ignorar lo digital, escribiendo con lápices, recortando con tijera, pegando en papel, consciente de que el trabajo físico le ayudaba a tomar una perspectiva más aguda de cuanto estaba viendo, reviendo, revisando a fondo.

El autor nacido en Úbeda armó diecisiete carpetas con dichos collages y sus notas, primero escritas a mano, luego pasadas a computadora u ordenador, totalizaron mil páginas, “excesos” que lo obligaron a tomar una determinación, es decir qué hacer con tanto material.

Inicialmente, pensó en dividirlo en tres partes, a las que de manera provisoria había denominado “Oficina de instantes perdidos”, “Caminatas por Nueva York” y “Recuerdos infantiles”, hasta que terminó afincándose en soledad, en Nueva York, casi como un anacoreta de nuestros días, para concluir el libro que hoy comento.

Walter Benjamin
Los coprotagonistas. En el decurso de la “elaboración” de Un andar, Muñoz Molina decidió incorporar a otros “coprotagonistas” que vivieron también, como habitantes “móviles” en la Ciudad moderna que, en ese entonces (siglo XIX), comenzaba a emerger: ellos fueron también escritores y se llamaron Thomas de Quincey, Charles Baudelaire, Herman Melville, Walter Benjamin y Edgar Allan Poe, especialmente este último. A ellos se sumará, en el siglo siguiente, un tal Fernando Pessoa.

A diferencia de Muñoz Molina, ninguno de ellos fueron convocados por el reconocimiento, la masiva publicación, la repercusión pública de sus nombres. Por el contrario, tuvieron vidas miserables en la mayoría de los casos o, como ocurriera con Melville o Pessoa, vivieron en el casi o total anonimato y sus obras fueron conocidas, o revalorizadas, sólo después de sus muertes.

De cierta manera, el escritor español y “deambulador” los imita, en cuanto que al marchar por la Ciudad se les pone a la par, observando el comportamiento de las multitudes que -en embrión- comenzaron a “ver” en las metrópolis que empezaban a ser tales, esos seres sensibles llamados Melville, Benjamin, Baudelaire, Poe…

El libro de Muñoz Molina está dividido en dos partes, “Oficina de estantes perdidos” y “Don Nadie”, la primera mucha más extensa que la restante. Ambas, a su vez, están compuestas por textos breves que comienzan con líneas en negrita tomadas de la publicidad más actual, crudamente exaltadora del híper consumo: “Escapa a la ciudad al mejor precio”, “Ven y desafía tus sentidos en un idílico enclave”, “Cambia ahora el color de tu mirada”, “Este verano sumérgete en una nueva realidad”, “Queremos que nuestra experiencia haga mejor tu futuro”, “Descubrir cosas nuevas es lo que te mantiene vivo”, “Déjate tentar”… y así de continuo.

Al libro, impreso en papel ecológico y de gran calidad gráfica, le ha añadido una profusión de collages tomados de las carpetas antes aludidas, así como fotografías de los autores citados.

En suma, Un andar solitario entre la gente intenta ser una amplia visión/revisión de la sociedad capitalista en la que se advierte un creciente debilitamiento de los valores democráticos, al tiempo que se exaspera esa obligación al gasto innecesario y contumaz, mientras un sector privilegiado agudiza su poder y su riqueza. No es bueno esto que pasa, advierte Muñoz Molina, y su caminar incesante (que es decir sus agudas observaciones) intenta señalar, señalarnos, que el mundo sería mejor si resistimos, denunciamos, agudizamos nuestro sentido crítico.

En búsqueda de Poe

En la segunda parte de este amplio volumen, el autor de El invierno en Lisboa cuenta sus experiencias al emprender una larguísima caminata que lo llevó desde el centro de Nueva York hasta los confines del Bronx donde se preserva la última, y pobrísima, vivienda de Edgar Allan Poe. El extenso periplo le permite encontrarse con una variedad casi interminable de hechos y personas, que varían sustancialmente no bien avanza por el deprimido Bronx, donde “tropieza” con otro mundo, el de los indocumentados, latinoamericanos en su gran mayoría, que viven una vida distinta, carenciada, y en la que intentan mantener usos y costumbres (sin olvidar la comida) propios de las tierras nativas que han dejado atrás.

Mientras deambula, Muñoz Molina reconstruye la vida azarosa, dolorosa, triste, de Poe, leído con admiración en Francia y no así en su país (aunque todos reciten su poema “El cuervo”), pobre de solemnidad, profundamente autodestructivo, casi el escritor maldito por definición. A mi juicio, son las mejores páginas del volumen.

El plástico asesino

En otro apartado, el autor cuenta sobre un técnico que se ha obsesionado con la basura, incontenible, interminable, que se arroja al mar. Este hombre, acompañado por otros obsesivos como él, se metió en las entrañas de un enorme cachalote, de varias toneladas de peso, que apareció muerto en la playa a causa del plástico ingerido. No algo menor, sino una inmensa cantidad de plásticos de todo orden que ingresó a su estómago hasta completar los dieciocho kilogramos que terminaron matándolo. 

El técnico ha catalogado cuanto se arroja al mar, a los mares, una basura que no concluye nunca centrada en el plástico, aunque no es lo único. Y, de paso, como referencia de lo que nos pasa de verdad, comenta que en el mundo, por año, se fuma nada menos que cinco billones de cigarrillos por año. Millón de millones: 5.000.000.000.000.

Aquí sí que corresponde decir el resto es silencio.

El otro

Aunque se intenta presentar este libro como novela, en rigor no lo es, puesto que antes que nada estamos ante un ensayo que, cada tanto, se enlaza con la autoficción. Respecto de esta última, el autor cuenta, cada tanto, sus presuntos encuentros-desencuentros con un ser huidizo que se presenta en los bares que frecuenta y que así como aparece, desaparece sin dejar rastros. Es una persona que tiene la peculiaridad, dice AMM, de que sus rasgos físicos no se recuerden cuando deja la escena, como el protagonista de una de las novelas de James Hadley Chase. 

También acusa “el talento” de no ser visto de frente. Suerte de doble del propio escritor, una presencia fantasmal a la que persigue, sin demasiada suerte, a lo largo del libro hasta que…

“Al cabo de un cierto tiempo me di cuenta de algo: lo veía en un sitio, pero nunca llegar a él o irse. Lo veía en una mesa del Comercial y luego ya no lo veía. O bien no estaba y no aparecía o bien había llegado antes que yo. Es raro que tardara tanto en darme cuenta. Pero hice memoria, dentro de lo posible, de cada uno de nuestros encuentros, y nunca había ninguna imagen suya entrando en el café en el que yo ya estaba, o yéndose antes que yo, y mucho menos saliendo a la par. Alguna vez que nos citamos yo me adelanté por un escrúpulo de puntualidad. Llegaba diez minutos, un cuarto de hora antes. Pero él ya estaba en el café, en una mesa entre el ventanal y la pared del fondo, fronteriza entre la claridad y la penumbra. Una mañana me asomé y no lo vi. Había llegado con veinte minutos de adelanto, bien es verdad. Satisfecho de mí mismo, vindicado en mi puntualidad, fui al kiosco a comprar periódicos y alguna película de saldo. Miraba la salida del metro, la esquina de Fuencarral, la de la calle Sagasta, diciéndome que no sería posible no verlo venir, porque faltaban ya pocos minutos para la hora de la cita y él nunca llegaba tarde. (…) Parado en la acera, con los periódicos bajo el brazo, con una película muda, veía a la gente subir por la escalera del metro, aunque no me parecía un medio de transporte que él utilizara. Como estaba delante del ventanal miré hacia el interior del café. Allí estaba él, en el sitio de siempre, perfectamente instalado, con su cartera o su portafolios a un lado de la mesa de mármol. ¿Había estado en el baño cuando yo entré y por eso no lo vi? Pero yo tampoco recordaba haberlo visto ir al baño o regresar de él”.

En el blog:

En internet:

Videos:
Imprescindibles, programa dirigido por Álvaro Giménez Sarmiento, de la Radio Televisión Española. Este capítulo se titula “Antonio Muñoz Molina, el oficio del escritor”, amplio documental sobre vida y obra del autor, quien también dialoga con su mujer, la escritora Elvira Lindo. Programa subido a Youtube el 31/10/15. Duración: 57,56 minutos.



Página 2. Programa dirigido por Óscar López, de Televisión Española, subido a Youtube el 3/3/18. Duración: 11,22 minutos.


jueves, 29 de marzo de 2018

"Tiempos oscuros", John Connolly. Regreso al mundo de Charlie Parker


En este nuevo episodio de la saga del detective Parker, John Connolly vuelve a demostrar su habilidad para aunar la novela negra con el género de terror, aunque esta vez acordándole mayor primacía a los hechos criminales

Tiempos oscuros (A Time of Torment), de John Connolly
Tusquets Editores, Barcelona-Buenos Aires, 2018, 476 páginas
Traducción de Vicente Campos
En España: 19,90 euros. En Argentina: 449 euros.

La saga del atormentado detective Charlie Parker no se detiene. En efecto, Tiempos oscuros es la décimo quinta incursión en el mundo sombrío del agente privado que explora una y otra vez las regiones siniestras del estado norteamericano de Maine, siempre arriesgando su vida, investigando tanto lo que ocurre en la superficie del mundo conocido como en sus presuntas (¿ciertas? ¿inexistentes?) capas profundas y sobrenaturales.

Como ocurriera en las historias inmediatamente anteriores (El invierno del lobo y La canción de las sombras), de nuevo Parker debe dilucidar acontecimientos extraños (por decir lo menos) que ocurren en una pequeña y hermética comunidad, poco dispuesta a abrir sus puertas a los extraños. Más bien, todo lo contrario.

En La hora del lobo, Parker debió enfrentarse con una población, la de Prosperous, ganada por el fanatismo religioso. En La canción de las sombras otro tipo de fanáticos, los nazis, buscaban consolidar sus locuras ideológicas en una segunda localidad, Boreas. En este nuevo episodio se trata de El Tajo (The Cut), una especie de barrio (inaccesible para el común de los mortales) de un poblado algo más grande, Plassey County o condado de Plassey. Como apuntara, todas ellas ubicadas en el estado de Maine, (en la región de Nueva Inglaterra, próxima a Canadá), del que Parker nunca se mueve. Y tampoco Connolly.

Quien haya leído los “episodios” anteriores de la saga, habrán visto a un Parker luchando despiadadamente contra fuerzas oscuras que representan al Mal o, quizás, a un Dios oscuro que parece pronto a despertar. Y Parker sería el llamado a combatirlo. O a resistirlo.
Con considerable eficacia, el escritor irlandés hace que sus historias policiales se aúnen con el género del terror, logrando que transcurran en dos planos simultáneos que, aunque intercomunicados, son advertibles sólo por escasos mortales, el detective (obvio) el primero de ellos. El superficial refiere a hechos criminales concretos y tangibles que el detective investiga y, en general, logra dilucidar. El segundo refiere al profundo (por llamarlo de alguna manera) donde reinan el Mal y las fuerzas terribles que lo representan.

Estos conflictos se resuelven muchas veces a medias, en episodios de gran violencia en el que suelen morir seres inocentes. Como les ocurriera a su mujer y a su hija, Jennifer, asesinadas en el primer episodio de la saga (Todo lo que muere, 1999).

En El invierno del lobo, Parker estuvo a punto de perecer (de hecho, se halló clínicamente muerto durante cierto tiempo) y allí pudo relacionarse con ese “otro lado” perturbador, totalizador, que parece estar aguardándolo desde siempre. Y tanto en esa novela como en la siguiente pudo advertir que su segunda hija, Sam, sabe cómo relacionarse con ese mundo terrible. Lo que desconoce es que, además, su pequeña hija tiene contactos con Jennifer, la niña muerta.

Otoño en Maine
Noticias del Más Allá. La presencia de lo sobrenatural es “connatural” a estas historias y aquí vuelve a hacerse presente, tanto en lo que refiere a un Rey Muerto que mucho tiene que ver con El Tajo, como por las propias acciones de la pequeña Sam en el final de la novela, pero Connolly (autor que nunca se duerme en los laureles), desarrolla su ficción con sutiles cambios respecto de las anteriores, ligándola más que nada a la “realidad” y alejándola de manera considerable del orbe de lo Terrible.

En efecto, aunque en la novela se registran situaciones poco o nada vinculadas a “lo real”, la mayor parte de cuanto le acontece a Parker, y a sus infaltables guardaespaldas y amigos Louis y Angel, se vincula con crímenes, hechos delictivos, venganzas, atrocidades que tienen que ver sobre todo con los dislates de una pequeña comunidad enloquecida por sus propias creencias.

El que “lleva” al detective a El Tajo es el ex convicto Jerome Burnel, quien tuvo una condena de cinco años por poseer pornografía infantil. Burnel siempre se declaró inocente y en su encuentro con Parker le relata en detalle las penurias sufridas en la cárcel, así como su convencimiento de que será ultimado en cualquier momento porque él, antes de ser acusado por pedofilia, había matado a dos asaltantes de un bar en el que se encontraba por casualidad.

Su acción lo transformó en un héroe, pero al poco tiempo todo trocó en pesadilla. Perdió su empleo, su mujer lo dejó y en la cárcel vivió en el infierno, por lo que volvió una triste criatura solitaria, condenada tanto por la justicia como por la sociedad por un hecho, o una serie de hechos, que asegura no haber cometido. Parker, aunque con muchas dudas al principio, termina creyéndole y decide investigar.

A partir de ese momento todo será aquelarre, porque El Tajo se resiste a cualquier investigación, defendiendo sus (malas) costumbres, su perverso estilo de vida y, también, los delitos y crímenes que se cometen por ser fieles a ese Rey Muerto que todo parece decidir.

La novela es extensa, una de las más largas de la serie, a mi juicio sin demasiada necesidad, aunque también es cierto que son múltiples los escenarios y las historias secundarias que Connolly incorpora al corpus central. De cualquier modo, ya se sabe que el autor irlandés conoce a fondo su oficio y aquí vuelve a demostrarlo, para satisfacción de sus lectores, que son legión.

Tiempos oscuros se conoció originalmente en 2015. A ella le siguió A Game of Ghosts (Juego de fantasmas), publicada el año pasado y en estos días comienza a distribuirse la edición en inglés de The Woman in the Woods (La mujer en el bosque), 17º episodio de la serie.

La edición en inglés
“-No he bebido nada desde que he salido – dijo Burnel.
-¿De veras? – dijo Parker.
- Creía que sería lo que más me apetecería en cuanto saliera, bueno, una de las primeras cosas, al menos – prosiguió Burnel. Hablaba con titubeos, como si no estuviera convencido de que todavía poseyera todas las palabras que podría necesitar para expresar sus pensamientos-. Pero cuando llegó la hora, no lo fue.
-¿Y qué fue?
-No lo sé – dijo Burnel. Parecía sinceramente confuso.
-Es un verdadero shock, ¿no? – preguntó Parker.
-¿Estar libre?
-Sí.
-Supongo que sí. Tenía un montón de planes, todas las cosas a las que les dedicaría los primeros días en cuanto saliera de allí, pero no ha pasado nada. He tomado un buen café. Básicamente lo que me gusta es caminar. Me gusta dar de comer a las palomas, aunque alguien me dijo que no estaba permitido. No sé si es verdad. Espero que no. Me gustaría tener un perro, pero… -Se interrumpió y sonrió arrepentido-. Esto no tiene ningún interés para ustedes -dijo- carece de importancia. Y no soy libre, no lo soy, porque me han impuesto todo tipo de condiciones al salir. Por el momento, no puedo abandonar el estado y tengo que hablar con terapeutas y oficiales de libertad condicional. Cuando me paro para sentarme un rato debo asegurarme de que no haya niños cerca. No se me permite acceder a internet. Mi nombre consta en el Registro de Delincuentes Sexuales, y, por si todo eso fuera poco, ayer hojeé un periódico en una cafetería y había un artículo sobre mi liberación, con una vieja foto mía. He cambiado, pero no tanto como para que alguien no sea capaz de identificarme a partir de una fotografía. La gente ya me mira raro, o esa impresión me da. No sabría decir si han descubierto quien soy o si sólo son imaginaciones mías.
-Las cosas irán mejorando – dijo Parker.
-No, no mejorarán -dijo Burnel-, pero eso tampoco supondrá un problema durante mucho tiempo para mí.
-¿Por qué?
-Porque estaré muerto.”

En el blog:




Video: entrevista a John Connolly, en Dublin, Irlanda, a propósito de la publicación en nuestro idioma de Tiempos oscuros, realizada por Óscar López, presentador y director del programa Página 2 de Televisión Española, subida a Youtube el 1.2.18. Duración: 14,37 minutos.


jueves, 22 de marzo de 2018

¿La novela que Borges nunca escribió? (con un aporte de Fernando Sorrentino)


En la excelente página digital Literay Hub se reproduce una nota del escritor estadounidense Jay Parini cuyo título, traducido, es “Una cerveza con Borges” y originalmente publicada en New England Review.  Ella contiene una información a mi juicio tan excepcional como incomprobable, porque Borges habría contado cómo imaginaba la novela que nunca escribió.
En la nota, Parini no precisa cuándo se produjo el encuentro, pero habría que fecharlo en la década de 1960, quizás a fines de ella, por la edad que tenía el entonces joven autor norteamericano. Borges había aprovechado el viaje para reunirse con su traductor Alastair Reid, a su vez mentor del entonces joven autor norteamericano.
La visita al pub se produjo cuando Parini se tuvo que “hacer cargo” del autor de Ficciones, a quien en la presentación de la nota se lo llama “la grandeza”, la vez en que Reid debió hacer un corto viaje.
Parini, nacido en 1948, era por entonces un veinteañero que desconocía a Borges. Lo describe hoy como una persona vestida con ropa algo antigua y también descuidada y dice que en la actualidad lo recuerda mucho, al punto que se le presenta reiteradamente en sueños (“él huele a edad, con el olor de la humedad y la acidez de los años”).
Como entonces no lo conocía le preguntó si escribía novelas y Borges, amable y didáctico, le aclaró que nunca lo había hecho y presumía que jamás lo haría. No obstante, quizás animado por saber que se encontraba en un pub bebiendo cerveza negra, le habría dicho lo siguiente:
"Toda mi vida soñé con escribir una novela. Durante muchas décadas planeé escribir una historia épica de las pampas. Habría gauchos y prostitutas, y muchos criminales. Sería una saga grande y panorámica de la vida familiar a lo largo de muchas generaciones, con amoríos fallidos e incesto, y logros espectaculares también. Las guerras irían y vendrían. Habría fratricidios y matricidios. El volumen requeriría tal vez mil páginas para abarcar todo lo que debo decir".
Por supuesto, el maestro jamás escribió ese texto, pero respecto de tan riquísima idea, le dijo al joven (ya deslumbrado por el gran argentino, supongo) que si bien la historia que todos hubiéramos querido leer nunca existió, como contrapartida “después de muchas décadas” se levantó temprano un día y fue a su escritorio en el que escribió “una reseña de una página de esta gran novela, y eso satisfizo el impulso". 
Jay Parini
Admito que no he podido avanzar más allá de esto que reproduzco. En tanto, interpreto que debería acordarse credibilidad a la anécdota, porque Parini es un reconocido escritor y académico, autor de novelas y biografías de amplia difusión tanto en su país como a nivel internacional. Como ejemplo, cabe mencionar que una película famosa, “La última estación” (2009, dirigida por Michael Hoffman, con Christopher Plummer y Hellen Mirren, sobre los últimos días de la vida de León Tolstoi), está basada en una de sus principales ficciones.
Ahora bien, vuelta de tuerca, no habría que descartar una boutade de Borges, algo inventado sobre la marcha para sorprender (y quizás sorprenderse) a un joven deslumbrado, en un pub en Escocia, mientras se degusta cerveza negra y la imaginación desborda… Borges, genio y figura.
Que el lector decida. Y, quizás, pueda hacer algún aporte al respecto. Si esto ocurre, será muy bienvenido.

Fernando Sorrentino

Agregado del 30.3.18: el escritor argentino Fernando Sorrentino, autor de Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (1974, reeditada en varias ocasiones) hace su interpretación sobre los recuerdos de Parini y considera que, tal como indico en el cierre de la nota, no fue más que una verdadera broma borgiana.
Al respecto, en un correo, me dice:
Hola, Carlos:
Busqué el artículo en inglés.
Cuando Borges dice: “No, no, my dear boy,” he said. “But you must know: I have my whole life dreamed of writing a novel. For many decades I planned to write an epic story of the Pampas. There would be gauchos and whores, and so many criminals. It would be a large and panoramic saga of family life over many generations, with failed love affairs, and incest, and spectacular achievements, too. Wars would come and go. There would be fratricide, and matricide. The volume would require perhaps a thousand pages to encompass everything I must say”, creo, simplemente, que le está tomando el pelo a Jay Parini; está queriendo impresionarlo con "pampas" (palabra que él nunca usaba; siempre decía "llanuras"), "gauchos" y demás color local.
Mirá lo que Borges me dijo a mí (Siete conversaciones, pág. 219):
F.S.: Hace un ratito usted me dijo que la novela era un género que terminaría por desaparecer. ¿Hace mucho que tiene esta idea o en su juventud pensó alguna vez en escribir una novela?
J.L.B.: No, nunca pensé en escribir novelas. Yo creo que, si yo empezara a escribir una novela, yo me daría cuenta de que se trata de una tontería y que no la llevaría hasta el fin.