miércoles, 18 de octubre de 2017

Premio a la Labor Literaria 2017

La Asociación Santafesina de Escritores (Asde), entidad que trabaja por la difusión de la literatura y la cultura de mi región desde hace más de sesenta años, ha tenido la deferencia de acordarme el Premio a la Labor Literaria correspondiente a este año, galardón que mucho agradezco y que tiene para mí una especial significación por serme otorgado por mis pares.
Les hago conocer la comunicación enviada por Asde.


viernes, 13 de octubre de 2017

"Sombra vana", de Jane Hervey. Un mundo de hipocresías y apariencias

“Sombra vana” (“Vain Shadow”), de Jane Hervey.
La Bestia Equilátera, Buenos Aires, 2017, 270 páginas.
Traducción de Laura Wittner.
En Argentina: 290 pesos.

“¡Señora… señora! La enfermera me pidió que le avisara que el coronel falleció tranquilamente mientras dormía a las dos y media de la madrugada…”. De esta manera comienza la novela de la autora inglesa Jane Hervey. Un comienzo, diría el lector, poco elocuente aunque se hable de un deceso. Pero se trata de lo aparente, de un falso mar en calma.
Porque ese informe casi neutro se lo están dando a la flamante viuda del muerto, quien se entera del deceso de su marido varias horas después, a pesar de vivir en la misma casa. Pero sin haber pasado la noche al lado del moribundo.
Hervey plantea así, desde los comienzos del relato, que la historia se desarrolla en un ámbito en el que las emociones se hallan arrinconadas, sino extintas. El lector lo irá comprobando a medida que vaya tomando conocimiento de cómo piensan y actúan quienes componen el clan familiar: la viuda, los tres hijos del difunto (dos de los cuales están casados y se presentan con sus respectivas mujeres), una nieta un tanto rebelde, también casada, y algunos personajes más.
La novela se despliega en apenas cuatro jornadas, las de los días de velatorio que demandarán para que la población que vive próxima a la gran finca de Derbyshire se despida de quien fuera el patriarca del clan, el coronel Alfred Winthorpe, un terrateniente de comportamiento despótico que despertó más temor que afecto entre los suyos.
No lo hay en Mary, la anciana viuda (“Nunca más tener que darle el beso de las buenas noches, después de cincuenta y tres años de tener que besarlo”). Ocurre también con los hijos: Jack, el mayor, que ha sido desplazado de lo que llamaríamos “el poder” en la familia, por sus hermanos menores, tanto por haberse casado con una joven y bella actriz, Laurine, despreciada por no pertenecer a una determinada clase social, como por el hecho de haber buscado la independencia a través de sus trabajos pictóricos, con escaso suceso. Y es la “colusión” permanente y al mismo tiempo soterrada entre Jack y Harry y Brian la que prevalecerá a lo largo de las cuatro jornadas, antes que el dolor por la pérdida del progenitor.
También tendrá mucho que ver el “qué dirán”, las formalidades sociales a las que todos están atentos, especialmente Brian, quien reclama coches especiales para el traslado a la iglesia de los restos de su padre: “El viejo era toda una personalidad en el condado”, Oficial de la Orden del Imperio Británico y Juez de Paz, les recuerda, les remarca, a sus hermanos por lo que exige exhibicionismo y boato.
Distinta resulta Joanna, nieta del coronel, quien a diferencia del resto se encuentra conmovida por su muerte, quizás porque su abuelo la trataba con una dulzura que negaba al resto. También tiene otra actitud hacia las convenciones victorianas que encorsetan a su familia, dado que ha heredado el carácter díscolo de su madre (muerta a temprana edad) y, más aún, porque tiene un amante y se encuentra bastante dispuesta a romper su matrimonio con Tony, un hombre mayor al que ha empezado a odiar. El momento del fallecimiento de su abuelo coincide con su decisión de romper con tabúes y tradiciones para hacer vida común con su amante, un joven de su edad.

Hervey en los '60
El escándalo. Hervey se llama en realidad Naomi Blanche Thoburn McGaw y nació en 1920 en el seno de una familia similar a la que presenta en su novela. Fue educada en su casa por institutrices y más tarde enviada a París para completar su formación. Escribió “Sombra vana” en los ’50 (los sucesos del relato acontecen por esos años), pero la mantuvo inédita hasta 1963. Cuando la dio a conocer parte de sus familiares le retiraron el saludo porque se vieron demasiado identificados con los personajes de la novela. Es muy probable que ella se haya visto reflejada en Joanna, una rebelde avant-la-lettre, quien con sus actitudes liberales anticipaba los cambios culturales y hasta sexuales que irían a producirse años más tarde.
Hervey-Thoburn McGaw se casó muy joven, pero también terminó con su matrimonio a los pocos años y tuvo nuevas parejas. Es madre de tres hijos y “Sombra vana” fue su única novela, recuperada dos años atrás en Gran Bretaña, cuando la autora tenía ya 95 años.
En su historia, la autora evita las estridencias. Todo está sugerido y bien dosificado. El lector advertirá que de una u otra manera en esos personajes tan “encorsetados” en y por sus antiguos valores elitistas prevalecen las frustraciones, el autoengaño, la ausencia del menor atisbo de felicidad.
Los cuatro días que durará el funeral añadirán tensión a la de por sí existentes, porque sólo después de concluidas las ceremonias fúnebres conocerán el testamento del anciano coronel quien, además de despótico, era arbitrario. Hervey describe esos momentos, “juega” con el constante roce de temperamentos y ambiciones disímiles, sabe cómo hacerlos confrontar y exponerlos al lector con sus nítidas luces y sombras.
Excelente rescate el de “Sombra vana” y el de una autora sutil y compleja. Su lectura hace lamentar que Hervey no haya seguido con lo que bien podría augurarse como una singular carrera literaria.

La edición en inglés
Fragmento del Salmo 39: “Ciertamente el hombre pasa como una sombra vana y así en vano se conturba; atesora y no sabe para quién congregará aquellas cosas”.



Nota: esta novela apareció el año pasado en España publicada por la editorial Alba con el título de “Como vana sombra” y la traducción de Daniel de la Rubia Orti. El precio es de 19 euros.
Hervey a los 95 años

sábado, 7 de octubre de 2017

Entrevista sobre "Trítptico de Verónica y otros cuentos"

Nota del periodista Estanislao Giménez Corte, "El Litoral", Santa Fe, sábado 7 de octubre de 2017


Carlos Roberto Morán, como muchos autores, casi prescinde de la primera pregunta, obvia y generalizada del periodista (—¿Cómo nace, cómo surge “Tríptico de Verónica y otros cuentos”), para recostarse en una larga memoria, emocional y emocionada, de sus inicios como autor. Ocurre que, por prepotencia y peso propio, esa deriva nos lleva (lo lleva) indefectiblemente a cómo se inició en la escritura, tema central del encuentro y acaso de toda entrevista posible a cualquier escritor y, por qué no, de allí a los inicios de su propia vida.
—Yo escribo desde ... desde toda mi vida. Pasé por distintos períodos. Creo que empecé en el primario. No recibí nunca estímulos. En mi casa no se leía. Era una casa de muchas mujeres. Se leían revistas y “El Litoral”. No se leían libros. La biblioteca nació cuando a mí me enseñaron a leer. A mis seis años tuve escarlatina; me salvó la Penicilina (me salvé de milagro -reafirma-). Me doy cuenta de eso porque me azotaron con medicamentos. En ese tiempo, mi madre me enseñó a leer en pequeños libritos. Después leí historietas durante muchos años, revistas cómicas. Más tarde me empecé a interesar por la política, y leí con mucha fruición “Tía Vicenta” (...), eso me hizo a la vez escribir obras de humor. Hasta que alguien de la familia me dijo: “por qué no escribís algo más serio, otra cosa”.
Vaya que Morán recibió aquello y le hizo caso. Hoy es un reconocido autor de la ciudad y la zona, que este año lanzó al mercado, a través de Ediciones UNL, la compilación de cuentos mencionada al inicio. El pasado 17 de septiembre, ésta fue presentada en la XXIV Feria del Libro, con la participación de la escritora Patricia Severín, que lo prologó. Morán, a la fecha, ha publicado: “Territorio posible” (1980), “Noticias desde el sur” (1986), “Noticias de Sergio Oberti” (1990), “Ella cuenta sobre el mar” (2006), “Historia del mago y la mujer desesperada” (2012) y “Tríptico...” (2017). Además, tiene un blog donde refiere sus muchas y variopintas lecturas Noticias desde el sur (http://morannoticiasdesdeelsur.blogspot.com.ar).
UNA TAREA, UN GÉNERO
Morán tenía tres años cuando experimentó una gran pérdida: la de su padre. “(...) murió cuando yo era muy chico, descuidaba mucho su salud (...) uno se da cuenta mucho después (de cómo eso nos afecta), pero para mí fue un descalabro (...) faltaba plata, faltaba alguien que te acompañara. Mi padre tenía un carácter muy fuerte, yo no lo conocí, pero a mi hermano lo atravesó como un rayo: de por vida”. El recuerdo familiar, a su vez, cayó -como no podía ser de otra manera- en la escritura: “Escribí desde siempre, y rápidamente me entusiasmé por el cuento como género. Quizás era lo que yo podía hacer. Alguna vez hice un remedo de novela, cuando era chico. Pero nada me salía. Y mucho menos la poesía, lamentablemente. Tampoco intenté el ensayo. En el cuento me sentía compensado. No tengo grandes teorías, pero creo que escribo porque me complace contar historias. La escritura, la poesía y la música me pueden. No tengo un plan de obra. Las atmósferas pueden ser santafesinas, pero la intención de contar “costumbristamente” Santa Fe no la tengo. Cuento historias fantásticas, historias que se introducen en lo policial e historias realistas que por lo general son historias amorosas. Yo acumulo cuentos. Por ahí tienen conexión temática, por ahí no. Intento no repetirme, no es fácil; uno imita, son dependencias muy duras de las que cuesta mucho salir. ¿Cómo llegué a este libro? Acumulando cuentos. Escribí un cuento sobre una supuesta prima Verónica (...) eso me dio a pensar que a partir de ahí podía surgir algo más, por ejemplo, el pasado de los protagonistas (...) por ejemplo, el caso de un primo de Verónica; eso me llevó -a su vez- a pensar historias que están dentro de mi recuerdo familiar, absolutamente deformadas, porque yo no cuento historias reales, no hago crónica (...). (El libro incluye) tres cuentos desde diferentes perspectivas, siempre girando en torno a Verónica (...); luego fui añadiendo otros cuentos que hice en los últimos años, de manera inorgánica. Los cuentos van y vienen”, reflexiona.
LA EDAD Y LAS LETRAS
—¿Cómo es el procedimiento o el método de tu escritura?
—El detonante a veces es una frase que leo o escucho (...), que me da idea de algo que me lleva a desarrollarla. En otros casos es algo que me imagino, por ejemplo “La vecina que llegó a la tarde”. Me gusta la ambigüedad, lo indiciario. Me gusta trabajar los diálogos, la forma de narrar el lenguaje. Cada relato se impone, te suena mejor contarlo de una determinada manera.
—¿Cuáles son los autores que asumís como influencias en tu obra?
—Creo que quedan voces (en mis textos). El rector se llama Borges: es tan enorme que de vez en cuando te sacude el recuerdo, es intimidante (...) Enrique Butti menciona a Graham Greene, a Bioy, a Onetti... Este libro tiene muchas marcas. Leo en forma permanente mucha y distinta narrativa. Leo muy poquito best seller. Trato de leer alta literatura. Ahora estoy releyendo a Faulkner y a Chéjov. Me gusta mucho la literatura norteamericana, la forma de sus relatos.
En cierto momento de la conversación se cuela la cuestión de la edad, si es que ello es una cuestión. “Así como un viejo no es tenido en cuenta para un trabajo, los autores de edad no son tenidos en cuenta. Yo, después de mucho tiempo, volví a publicar en 2012 gracias a la insistencia de Patricia Severín (se refiere a “Historia del mago y la mujer desesperada”, de 2012). Y ahora llega este libro: me han hecho una edición muy cuidada. Quiero agradecer a Ivana Tosti, Enrique Butti, Patricia Severín, José Gabriel Ceballos y Ángel Balzarino.
Para el futuro, dice Morán, “queda inédita una novela que se llama ‘Una mujer singular’ (...), yo nunca figuro en un primer plano de la actividad cultural santafesina. Esta vez sí sabía qué quería hacer hasta el final. Escribir una novela sin plan es desaconsejable. No es una gran novela, pero creo que funciona. No tengo más planes. Sigo escribiendo cuentos, en el campo de la ficción. Quizás si hay tiempo, hay edad y hay persistencia, tendré otro libro. Tengo también cuentos inéditos, pero no confirman nada. Son islas flotantes en una especie de mar bastante amplio. Así como el cineasta no revisa sus películas, el pintor no quiere ver lo que hizo tiempo atrás, el escritor tampoco quiere verlo. Por ahí su ego es muy grande y lo acepto. Pero todo eso tiene un sentido crítico; ve los errores, están ahí, ve los hilos. Escribo en computadora. Antes escribía mucho, me sorprende. Tomo mate y escribo con mucha lentitud. Me tengo que detener. Los textos y los cuentos van creciendo de a poco; tropiezo mucho con la piedra de repetir, pienso ‘esto lo dije antes’. Cuando uno
cuenta historias nuevas corre el riesgo de tomar el mismo camino que ya tomó”.

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2017/10/07/opinion/OPIN-03.html

domingo, 1 de octubre de 2017

"La banda de los niños", de Roberto Saviano. La violencia sin fin

Diseño: Gerardo Morán
“La banda de los niños” (“La paranza dei bambini”), de Roberto Saviano.
Anagrama, Barcelona, 2017, 377 páginas.
Traducción de Juan Carlos Gentile Vitale.
En España: 21,90 euros. En Argentina: 475 pesos.

El italiano (napolitano) Roberto Saviano se volvió famoso cuando publicó, hace ya más de una década, su crónica “Gomorra”, una denuncia con pelos y señales sobre la actuación de la mafia, la Camorra, en Nápoles. Fue su triunfo pero también una desdicha, porque se trataba de una denuncia tan clara y contundente que los mafiosos no se lo perdonaron y lo condenaron a muerte. A tanto llega esa espada de Damocles que pende sobre su cabeza que al día de hoy sigue viviendo con fuerte custodia y cada paso que da antes es convenientemente sopesado y analizado por quienes lo protegen.
Ahora ha vuelto al libro, esta vez “atreviéndose” a la novela, con “La banda de los niños”, basada en hechos reales que transcurren hoy mismo en las calles napolitanas, en la que chicos casi imberbes luchan contra los mayores por territorios, droga, crímenes, porque quieren ser poderosos y temidos. No amados, temidos. Saben que se colocan al borde del abismo y quieren agotar la vida cuanto antes. Corren carreras contrarreloj, porque son conscientes –y con razón- de que sus vidas tristes y brutales serán efímeras. Y una y otra vez se lanzan al vacío.
Saviano, que pese a los riesgos visitó España para promocionar su nuevo trabajo, ha dicho que “lo peor que le puede pasar a quien lea libros y vea películas sobre la Camorra o el narcotráfico, es creer que se trata de un mundo de ficción”.
No es un territorio que ha dictado su imaginación. En todo caso, ella le ha servido para contar una historia ficticia, pero los “disparadores” están, podría decirse, a la vuelta de la esquina, como ocurriera con un chico que al cumplir los dieciocho años pidió a sus amigos celebrar su cumpleaños como si fuera su última fiesta porque, decía, no sabía cuánto más iba a vivir. Fue profético y patético: al año siguiente un rival terminó con su existencia disparándole un tiro,
Otro hecho que conmocionó a Nápoles ocurrió el año pasado, cuando se dictaron cuarenta y tres condenas a menores que asolaban las calles de la vieja ciudad. Y estaban generando grave preocupación a los capos de las mafias…
Saviano, en su historia, reduce el número de “bandidos”, no llegan a diez adolescentes los que siguen los pasos de Nicolás, su jefe, un chico feroz que empieza con fechorías menores hasta que va involucrándose en hechos más peligrosos, que tienen que ver primero con extorsiones, más tarde con venta de drogas, luego y por fin con las armas, los heridos y las muertes.
El autor “los sigue” durante cuatro años, es decir entre los catorce y los dieciocho años (aunque hay algunos más pequeños, que admiran a los mayores deslumbrándose por sus logros).
A poco andar, a Nicolás se lo llama Marajá y logra su objetivo, el de ser temido, como sugiere Maquiavelo, a quien ha leído en la escuela. Éste no resulta un dato menor: los integrantes de la banda de los niños no son marginales, chicos carenciados, como suele ocurrir en otras latitudes, incluyendo la Argentina. Por el contrario, Saviano los muestra como integrantes de familias de clase media, con padres  preocupados por su educación y sus vidas personales.
Pero ellos pertenecen a una generación carente de valores trascendentes, individualistas ávidos de poder, de la sensualidad del dinero. Como suele decirse, lo quieren todo ya, de manera inmediata. No les seduce el futuro, porque que se trata de una especie de entelequia que debe construirse con esfuerzo, paciencia, perseverancia. Y tales conceptos no los seducen. Por el contrario, los rechazan visceralmente.

Calle de Nápoles
El camino más fácil. La historia arranca cuando Nicolás, en plena plaza pública, defeca sobre otro muchacho que ha tenido la audacia de colocar un “me gusta” bajo la fotografía que aparece en el Facebook de la novia de quien poco más tarde será conocido como Marajá. Es un acto grotesco y repugnante, pero que indica hasta qué punto el que será jefe de la banda aún sin conformar, está dispuesto a hacer valer su autoridad.
Casi de inmediato unos pocos “elegidos” lo seguirán y casi ninguno discutirá su jefatura. Porque Nicolás es el más vivo y audaz de todos ellos, el que tiene mejor visión de conjunto, el que más se atreve. Los muchachitos que lo rodean lo admiran y comprenden que si siguen sus pasos y directivas se volverán ganadores. Y las jovencitas sienten atracción por ese chico que todos los días arriesga un poco más.
El camino que emprenda será fácil, pero también arduo, temerario. Comienzan con extorsiones, siguen con reclamos para que los poderosos de la ciudad (obviamente, mafiosos y por lo tanto peligrosos) los tomen en cuenta, de manera que cuando alguien es robado Nicolás y sus muchachitos descubren a los que lo hicieron, y más tarde asaltarán un camión de combustible que venderán a otros bandoleros. Tendrán su “madriguera”, mentirán a sus padres, “jugarán” la peligrosa ruleta rusa de la venta y el consumo de droga y llegarán a delaciones, crímenes y venganzas. Un camino fácil, sí, pero que puede terminar de la peor manera y en cualquier momento, como ocurre con algunos de ellos.
Por qué, le han preguntado a Saviano, los niños se imponen a los adultos, aunque sus vidas terminen siendo cortas. El autor interpreta que eso se debe a que hay muchos mafiosos muertos o presos y que al haber dejado el poder “suelto” ha quedado allí para quien ose tomarlo. Y agrega: “Quien lo ha tomado son estos jóvenes que, como todos los jóvenes, no conocen el miedo ni calibran las consecuencias de seguir ese camino”.
Los ha visto en juicio celebrar y reír al recibir condenas que a cualquier otro haría temblar: veinte años de cárcel. Quizás mueran allí o quizás sobrevivan. Y si salen serán temidos. Y esa será su principal conquista.
Saviano deja abierto el final de su novela. La historia continuará, nos dice. Y todos sospechamos que todo será para peor y adónde llevará su previsible y terrible desenlace.

“No funcionaba nada. Ocurría que los muchachos no conseguían ni siquiera acercarse a quien controlaba la plaza. Lollipop fue el que se la vio peor. Lo arrastraron a un bajo con la excusa de que allí discutirían mejor sobre la marihuana que la banda tenía para ofrecer y luego lo habían dejado sin sentido de un codazo en la nariz. Se había despertado dos horas después, atado a una silla, en una habitación sin ventanas. No sabía si era de noche o de día, si aún estaba en Forcella o en alguna ruina del campo. Trataba de gritar pero la voz rebotaba contra las paredes, y cuando intentaba calmarse para captar un sonido cualquiera que le ayudara a entender dónde había terminado, sólo le llegaba el rumor del agua que corría por las cañerías. Al día siguiente lo liberaron y descubrió que había pasado toda una noche en el bajo donde había entrado.
-Quítate del medio, chaval, y díselo a tus compiches.
Los hombres que controlaban las plazas se les habían reído en la cara a Nicolás y los suyos. De la hierba y de la heroína de su banda no querían ni oír hablar. ¿Qué eran esas novedades? ¿Y quiénes se creían que eran? ¿Dictar las propias reglas a hombres que habían nacido antes que los padres de esos capullitos?”.

Datos para una biografía:
Roberto Saviano (Nápoles, 1979) es el autor, entre otros, de 
Gomorra  (2006), que ha sido traducido en más de cincuenta países y ha vendido diez millones de ejemplares en Italia y en el mundo. En Italia colabora con La Repubblica y L’Espresso; en Estados Unidos, con el Washington Post y el New York Times; en España, con El País; en Alemania, con Die Zeit; en Suecia, con el Expressen y el Dagens Nyheter; en Inglaterra, con The Times. Por su actividad como escritor y por su compromiso cívico, le han sido concedidos el Premio Viareggio Opera Prima, el Premio Nazionale Enzo Biagi, el Geschwister-Scholl-Preis, el Premio Periodístico de Leipzig, el Premio Manuel Vázquez Montalbán y el European Book Prize. Desde 2006 vive con escolta, debido a las amenazas de los clanes a los que denunció. En 2008 diversos galardonados con el Nobel se solidarizaron con Saviano, y estuvo en la sede de la Academia Sueca para pronunciar un discurso sobre la libertad de expresión. Ha publicado además “Lo contrario de la muerte” (2007), “La belleza y el infierno” (2004-2009), “Vente conmigo” (2011), “CeroCeroCero” (2013) y “La banda de los niños” (2016).  “Gomorra” se transformó en serie de televisión y en 2011 se filmó “Tatanka”, basada en un texto suyo.

Entrevistas realizadas en España con motivo del lanzamiento de “La banda de los niños”.

Video: entrevista al autor, Noticias22.TV, 26/9/17, duración 8 minutos:

martes, 26 de septiembre de 2017

La presentación de "Tríptico de Verónica y otros cuentos"

Fotografías: Mariano Roca
Como parte de los actos de la reciente edición (24ª) de la Feria del Libro de Santa Fe, se presentó mi nuevo libro de relatos, “Tríptico de Verónica y otros cuentos”, publicado por Ediciones de la Universidad Nacional del Litoral. La apertura estuvo a cargo de la coordinadora del sello, Ivana Tosti, y la prologuista del libro, la escritora y editora Patricia Severín, una leal y consecuente amiga, tuvo generosas palabras hacia el libro y mi persona.
También fue generosa Ivana Tosti, al darme la bienvenida al sello y ponderar el Tríptico, que está integrado por dieciocho relatos inéditos.
Por mi parte, leí “Marga llora frente a un cuadro”, relato breve que integra el volumen. Luego, Patricia me formuló diversas preguntas relativas a obra, lectura, autores y otros pormenores relacionados con mi quehacer como autor.
Familiares, amigos y vecinos de Santa Fe, entre los que se encontraban autoras y autores, directores de cine y personas en general ligadas a los libros y a la cultura, me hicieron vivir una tarde excepcional. Los escritores trabajamos en soledad y sólo cada tanto llegamos al libro publicado. Saberme tan cálidamente acompañado en esa ocasión fue un gran regalo, que se da en escasas circunstancias, por lo que estoy particularmente agradecido.
Una sorpresa adicional fue para mí la presencia de Mariano Roca, responsable de las fotografías que aquí incluyo, quien viajó desde Buenos Aires con la única finalidad de asistir al acto.
Resultó para mí fundamental que estuvieran Zulema, mi esposa, y Gerardo, mi hijo, que han sabido soportarme, y alentarme, a lo largo de los años. Pablo, mi otro hijo, no pudo concurrir.
A todos, mi agradecimiento.

Las palabras de Patricia Severín

La memoria es escurridiza. Muy escurridiza. Yo diría por ejemplo que con Carlos nos conocimos hace 25 años – o un poco más- cuando él premió uno de mis cuentos en el concurso de Las Tierras Planas. Luego me invitaron a un programa de radio, aquí en Santa Fe, -yo vivía en Reconquista por ese entonces-. En el programa Carlos hablaba de libros, y el otro locutor –¡ay Dios mío! – de fútbol. Creo que fue así el inicio de esta amistad. Pero como la memoria es escurridiza luego se lo preguntaré a Carlos para que lo corrobore o lo desestime. ¿A qué viene todo esto? Qué fue a partir de ese encuentro originario cuando empecé a conocer su escritura. Y desde allí nunca dejó de fascinarme. La hechura de sus cuentos tienen una maestría qué yo necesitaba aprender. Cada cuento de Carlos Morán me enseña cómo la historia engarza perfectamente en la forma. Con un estilo marcadamente propio, hace esa ruptura interna innovadora, diferente, que es una de las características de sus cuentos, para que cada nudo de cada suceso salga a la superficie relumbrando; entonces una piensa…esta historia no podía contarse de otro modo.
Santa Fe es una provincia eminentemente cuentista, ya desde sus inicios; desde Mateo Booz en adelante se fue marcando una línea, un camino que luego se abrió en un abanico muy amplio e interesante de estilos para todos los gustos con escritores de todas las edades.
Cuando comenzamos a pensar la idea, con Alicia Barberis  y Graciela Prieto, de una editorial santafesina, Palabrava, que editara autores y autoras de este territorio, no hubo dudas de que él sería uno de los primeros.
El libro que publicó Palabrava en el 2012, “Historia del mago y la mujer desesperada”, trajo a la editorial una decena de cuentos que corroboraron la potencia narrativa de Morán y donde comprobé, una vez más, que su universo está poblado de criaturas que lo han perdido todo, o casi todo. Criaturas de distintas clases sociales pero con un mismo estigma: no poder hacer de sus vidas un paraíso, ni siquiera acercarse a él.
“Tríptico de Verónica y otros cuentos”  el libro que hoy estamos presentando, lo ratifica y profundiza. Un clima muy acorde a este milenio donde la corrupción, las mafias y el declive de valores, son la materia que usa el autor para narrar el mundo; es lo que al escritor le interesa poner en palabras, sacar a  luz.
En “Tríptico de Verónica”, el cuento que inicia el libro, la historia se narra con tres voces que pertenecen a distintos tiempos en la vida del protagonista y de su familia; dosifica con maestría los indicios de los intricados secretos familiares que se le van revelando al personaje principal mientras la historia se despliega.
Algunas veces, la dura realidad de esta época deja una fisura por donde se cuela la esperanza, como en “Guerrero de la independencia” que, como el título lo indica, el protagonista da una dura pelea tan demoledora como desigual.
O “Marga llora frente a un cuadro”: la revelación pega un salto hacia el corazón de Marga e irrumpe de manera total para que su vida pegue un viraje absoluto.
Y “Cambio climático”, en el cual el lector camina a ciegas en la bruma, y se adentra cada vez más profundamente en esa niebla que, quizá, lo devore. Un territorio ilimitado, sin principio ni fin, donde somos sombras deambulando en lo desconocido.
En todos los casos Carlos nos cuenta el mundo que lo perturba, y hace foco en la abrumadora y compleja condición humana con un manejo del lenguaje cuya pericia es indudable, con precisas herramientas que posibilitan llegar al fondo de las historias, pobladas de silencios y atmósferas envolventes que nos van aprisionando en cada párrafo.
El paso del tiempo es otra obsesión sobre la que el autor trabaja: la mutación que  los años provocan en sus personajes. Cambios rotundos. El pasado asoma en el presente como la punta de un iceberg y va envolviéndolo todo con la nostalgia por lo perdido, lo irrecuperable, lo que la memoria distorsiona, esa masa helada e inmensa que se esconde bajo aguas turbulentas.
Personajes que viven en el recuerdo del pasado, y que aun perdidos en ese laberinto, nos capturan para llevarnos a sus territorios vacíos, o a ese mundo opaco reflejo del acontecer cotidiano.
Como bien lo indica Enrique Butti, Carlos abreva en Onetti para ese mundillo de fracaso y desasosiego, en Bioy Casares para lo fantástico y onírico y en Graham Greene, donde observa los mecanismos para atraer al lector mediante el suspenso o la sorpresa.
Porque debo decir también que es impresionante el bagaje de lectura que se huele en la narrativa de Carlos. De hecho es de las cosas que me gustaría preguntarle. Cómo selecciona sus lecturas. De qué forma arma el andamiaje de su biblioteca interior.
Y “Tríptico para Verónica y otros cuentos” es un libro imprescindible para nuestra propia biblioteca interior, en donde encontraremos cómo el arte de narrar se manifiesta en cada cuento. 

Galería
Con la coordinadora editorial Ivana Tosti, el narrador y
dramaturgo Carlos Catania y su esposa Indiana
Con el director de cine Mario Cuello
Con el editor Mariano Roca

Público asistentes, entre ellos Alicia Morán, Andrés Bellochio, Alberto
y Guillermo Estrubia, el escritor Carlos María Gómez y su esposa Amalia 
El escritor Alfredo Di Bernardo, Guillermo y su padre
el escritor y docente Albesrto Estrubia
:
Foto de familia: Gerardo y mi sobrino Sebastián Estrubia
Doctor Roberto Gómez Couto
Con el escritor Enrique Butti
El periodista, historiador y narrador Rogelio Alaniz
Foto de familia: con mi sobrina Alicia
El director de cine Julio Hiver y el cantaautor Gerardo Morán
El historiador Guillermo Bolcatto
Con Zulema y los doctores Pablo Russo y María Emilia Díaz
Foto de familia: con mi cuñada, Marité Delconte


Foto de familia: con mi sobrina Alejandra
Foto de Familia: con Gerardo, Zulema y mis sobrinos
Evangelina Zoccola y José Estrubia


miércoles, 20 de septiembre de 2017

"Contigo a la distancia", de Carlos Balmaceda. Manuel Puig en el recuerdo

El escritor argentino Manuel Puig tuvo una amiga entrañable, Carmen Acuña, a quien conoció en un cine de General Villegas –la ciudad natal de ambos- cuando el gran autor tenía ocho años y la entonces niña tres más.
A pesar de todas las diferencias que existían desde los inicios de esa amistad y que se incrementaron a medida que Puig se volvía famoso y se radicaba en el exterior, la relación se mantuvo incólume a través de los años y las distancias, como dictaría la letra de un bolero.
Carmen, conocida como Carmencita, volcó en cuadernos las cartas que recibía de Manuel, quedando fijado así el desarrollo de una amistad que no tuvo desfallecimiento, a pesar de la notoriedad de Puig que contrastaba fuertemente con el hecho de que la mujer, casada y con una hija, vivió casi toda su existencia en el campo, llevando una vida anónima y considerablemente rutinaria.
Pero Puig, con intermitencias, con mensajes más cortos o más extensos, mantuvo viva esa amistad, confiándole sus secretos, sus deseos y sus pesares, mientras como contrapartida se volvía cada vez más exitoso y conocido en el orbe entero.
El marplatense Carlos Balmaceda, novelista, dramaturgo y guionista de cine, frecuentó a Carmencita en los últimos años de su vida, encontrándose con una persona muy sensible, que escribió sus cuadernos con mucha solvencia y tono poético, por lo que supo contar con vivo interés su relación de amistad con Puig.
Esta relación resultó ser más epistolar que personal, dado que el autor se fue de la Argentina en 1975, amenazado por la fatídica Triple A, para nunca más volver (murió en México en 1990, a poco de practicársele lo que se creía iba a ser una rutinaria operación de vesícula). Ella a su vez falleció en 2013, a los 87 años.

El autor marplatense
La novela. De aquellas conversaciones y, de manera especial, de los cuadernos, Balmaceda extrajo material para escribir “Contigo a la distancia. Manuel Puig en los diarios de Carmencita”, un libro presentado como novela, aunque está resuelto en “escenas” con impronta teatral.
Quien haya leído sobre la vida del autor de “La traición de Rita Hayworth” sabe que el cine, especialmente el de Hollywood, fue su gran obsesión y que su condición de homosexual le trajo aparejado un sinnúmero de dificultades y pesadumbres, que comenzaron cuando Manuel era un niño en el entonces pueblo de General Villegas, en el que sufrió discriminaciones y críticas recurrentes por no ser “un chico como los demás”.
Carmencita le ofreció su amistad sin cortapisas desde el primer momento, también su comprensión, algo que no ocurrió con el padre del autor, quien siempre le recriminó su manera de ser y actuar.
Puig vivió poco tiempo en su ciudad natal mudándose primero a Buenos Aires, luego a Italia y más tarde a Nueva York, donde después de fracasar como guionista de cine comprendió que debía convertirse en novelista.
Cuando se publicó “La traición” su fama comenzó de inmediato, fama que fue creciendo sin solución de continuidad y que se multiplicó cuando Héctor Babenco llevó a la pantalla “El beso de la mujer araña”, una película con la que el actor William Hurt consiguió el Oscar y que cobró repercusión internacional.
Puig, que regresó a su país natal a fines de los ’60, nunca se sintió en paz y comprendido en la Argentina.
Repudiado por muchos vecinos de General Villegas por contar historias reales en sus dos primeras novelas, no hizo buenas migas con colegas y críticos de Buenos Aires, en tanto su obra era muy valorada en varios países europeos. Luego, como se dijo, el escritor debió huir al ser amenazado gravemente por los grupos fascistas de la época y nunca más regresó al país.
En todo ese tiempo, a Carmencita le alegraban sus éxitos y trataba de consolarlo por sus desdichas, incluyendo las sentimentales, que fueron reiteradas, mientras se preguntaba cómo Manuel la seguía tomando en cuenta a pesar de éxito y fama.
Estos hechos, pero por sobre todo, lo que termina siendo la comprobación de una amistad sin fisuras mantenida a lo largo de las décadas, entre dos personas sensibles pero de vidas notablemente diferentes (con antagónicos puntos de vista sobre la vida y la muerte), es lo que va contando Balmaceda en “Contigo a la distancia”, un texto atravesado de comienzo a fin por las emociones y una alta sensibilidad y en la que se da un constante contrapunto entre una mujer que aunque sobresalía del resto no dejaba de ser una persona “común” y una personalidad conflictuada, lejana, tanto que muchas veces parece tornarse un fantasma y no una criatura de carne y hueso.
Un texto diferente, que permite el reencuentro con ese escritor excepcional que fue Puig.

(“Contigo en la distancia”, de Carlos Balmaceda. Planeta, Buenos Aires, 2017, 187 páginas. En Argentina: 249 pesos).

lunes, 11 de septiembre de 2017

Hoy se hará la presentación de "Tríptico de Verónica y otros cuentos"

Hoy tendrá lugar la presentación en la Feria del Libro de Santa Fe de mi nuevo libro de relatos, “Tríptico de Verónica y otros cuentos” que publica Ediciones de la Universidad Nacional del Litoral. La presentación estará a cargo de la prologuista del libro, la escritora santafesina, nacida en Rafaela, Patricia Severín.
Mi nuevo libro incluye dieciocho trabajos inéditos, entre ellos los tres cuentos relacionados con el personaje Verónica, que es abordado desde tres ópticas diferentes y en otras tantas etapas de su vida, esto contado desde la perspectiva de un segundo personaje.
Las historias son en determinados casos veristas, en otras abordan la ficción fantástica y un grupo de cuentos pueden ser calificados de policiales.
La presentación se concretará a partir a las 17, en la sede de la Feria, que es organizada por distintas entidades de la ciudad de Santa Fe y se realiza en el predio de la ex terminal de trenes del Ferrocarril Belgrano, sobre el tradicional bulevar Gálvez, sitios emblemáticos de mi ciudad.
Este es el sexto libro de relatos que publico y, como también señalé, las lecturas de amigos como Ángel Balzarino, Enrique Butti, José Gabriel Ceballos y la propia Patricia Severín mucho contribuyeron para afianzar las virtudes que pueda tener y disimular, dentro de lo posible, sus debilidades.
Reitero mi agradecimiento a la coordinadora Ivana Tosti y a su equipo de colaboradores, de Ediciones de la Universidad Nacional del Litoral, quienes pusieron mucho empeño para la publicación de mi libro.
Desde ya espero a amigas y amigos que puedan concurrir al evento.